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Opinión
Mariano
La Cobaya de Mariano | Viernes, 15 de Junio de 2012 09:10
…y por ahí sí que no paso, le dije con un cabreo del 7 (nunca he entendido esto de los calibres en un país sin mesura) al tipo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) mientras intentaba ofender argumentando que el Mariano’s Cobaya Center (MCC) era una chorrada de ficción que servía como disculpa a un desheredado del periodismo.
Los conceptos se me agolpaban en la cabeza y, de entre todos ellos y ya en plena ebullición, sólo acerté a decirle: ¡¡Y una mierda…!! Ahora entiendo cómo se sentía Fernando Fernán Gómez al pronunciar las palabras mágicas...
Pues eso, que los del CIS, argumentando que están hasta arriba de follón, nos pasan por la cara sus competencias. Me traen un estudio para tratar de dilucidar qué criterios, si es que este país tiene de eso, se emplean para valorar las personas y sus méritos en la sociedad. Como si fuera Fernando Vallespin, arqueo una ceja y me centro en la cosa. Antes de tomar un referente real con nombres y apellidos, eso que jamás se tiene en cuenta cuando algo sale mal, muy, muy mal y salpica a mucha gente, y que está detrás de todo acontecimiento, hice una selección de actitudes y argumentos se suelen seguir para aceptar a alguien.
Si no hay mucho género humano aceptable donde elegir, se escoge siempre lo más distante de lo que había; sólo por contraste y por hacer algo distinto. Si ni siquiera es abundante o convincente el repertorio, se suele optar por lo mismo o algo muy similar argumentando que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. De ahí que Buda no encuentre mucho reconocimiento por aquí, a pesar de la panza y de su placidez, que sería el perfil hispano perfecto.
Luego están los que, como con La Primitiva, el Bono Loto y esas filosofías de esperanza occidentales, optan por hacerlo de máquina: es decir, eligen aquello que les dicta la TDT y sucursales. Pero, sobre todo, sobre todo de todo y todo –¡ me encanta la niña del anuncio de Catalana Occidente!-, la gente sigue a ciegas a aquella persona, animal o cosa que, previamente, haya sido BENDECIDA POR ALGUIEN. Es decir, si alguien dice, esto es la leche y el que lo hace es la central lechera australiana (que es más grande), la respuesta popular es previsible: ¡Beee, o Muuu!. Da lo mismo que entiendan el mensaje, que sea realmente saludable para el colectivo o que aporte algo. Si lo ha dicho fulanito, eso que se ahorra el pensamiento.
Por cierto, ¿quién dijo que Mariano…? ¿Mariano? Pasaba por aquí… Tú, así, no acabas el mes en el Mariano’s Cobaya Center (MCC). Esa actitud te va a perder, maldito roedor. Me dijo el del CIS.
Pues eso, que los del CIS, argumentando que están hasta arriba de follón, nos pasan por la cara sus competencias. Me traen un estudio para tratar de dilucidar qué criterios, si es que este país tiene de eso, se emplean para valorar las personas y sus méritos en la sociedad. Como si fuera Fernando Vallespin, arqueo una ceja y me centro en la cosa. Antes de tomar un referente real con nombres y apellidos, eso que jamás se tiene en cuenta cuando algo sale mal, muy, muy mal y salpica a mucha gente, y que está detrás de todo acontecimiento, hice una selección de actitudes y argumentos se suelen seguir para aceptar a alguien.
Si no hay mucho género humano aceptable donde elegir, se escoge siempre lo más distante de lo que había; sólo por contraste y por hacer algo distinto. Si ni siquiera es abundante o convincente el repertorio, se suele optar por lo mismo o algo muy similar argumentando que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. De ahí que Buda no encuentre mucho reconocimiento por aquí, a pesar de la panza y de su placidez, que sería el perfil hispano perfecto.
Luego están los que, como con La Primitiva, el Bono Loto y esas filosofías de esperanza occidentales, optan por hacerlo de máquina: es decir, eligen aquello que les dicta la TDT y sucursales. Pero, sobre todo, sobre todo de todo y todo –¡ me encanta la niña del anuncio de Catalana Occidente!-, la gente sigue a ciegas a aquella persona, animal o cosa que, previamente, haya sido BENDECIDA POR ALGUIEN. Es decir, si alguien dice, esto es la leche y el que lo hace es la central lechera australiana (que es más grande), la respuesta popular es previsible: ¡Beee, o Muuu!. Da lo mismo que entiendan el mensaje, que sea realmente saludable para el colectivo o que aporte algo. Si lo ha dicho fulanito, eso que se ahorra el pensamiento.
Por cierto, ¿quién dijo que Mariano…? ¿Mariano? Pasaba por aquí… Tú, así, no acabas el mes en el Mariano’s Cobaya Center (MCC). Esa actitud te va a perder, maldito roedor. Me dijo el del CIS.



